Dar y recibir

Aprender a recibir

El camino hacia la aceptación de la enfermedad de mi padre ha venido acompañado para mí de muchas sorpresas, algunas mejores que otras, pero siempre con ese aspecto inesperado que trae la adaptación a una situación no buscada, por no decir, indeseada.

En la categoría de sorpresas, he conocido el apartado de “sorpresas técnicas”. Y es que descubrí que el mundo de la medicina tiene ese punto de ciencia ficción gracias al cual, unas máquinas punteras exploran el cuerpo por dentro sin producirle ni una sola incisión. Benditas máquinas…

En el caso del Alzheimer, la sorpresa añadida que estoy descubriendo es que una misma prueba médica, que pensaba que debería tener una única interpretación al apoyarse en datos objetivos, termina teniendo versiones finales distintas al consultar a dos profesionales diferentes. Sin ser médico, sólo puedo imaginarme que el cerebro humano sigue siendo una fuente inagotable de secretos sin desvelar. Por mucho progreso científico del que podamos ser testigos, supongo que distamos mucho de comprender cómo funciona la mente. Por eso, el factor humano de interpretación, que además de los datos científicos, aúna datos del entorno del paciente, mantiene un peso importante.

En este punto, el del factor humano, aparece mi mayor sorpresa. Seguir leyendo

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Un impulso de generosidad

Hoy me he propuesto contaros mi versión de los hechos. Sí, Señoras y Señores, voy a retomar un tema mil veces relatado que no deja sin embargo de ser objeto de malentendidos. Hablemos de generosidad…

Para comenzar, se me ocurrió mirar la definición del término en el Diccionario de la Real Academia Española y os aseguro que me quedé pasmada. No voy a recoger aquí todas las acepciones que nuestros académicos recabaron pero os animo a que le echéis un vistazo: http://lema.rae.es/drae/?val=generosidad. Así llegó mi primera sorpresa al tratar de dar una vuelta de tuerca a la “generosidad”.

Si os cedo la palabra (nunca mejor dicho), ¿qué os viene a la cabeza? Seguir leyendo