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Aprender a pedir

Desde mi posición “privilegiada” de acompañante de familiares de enfermos, creo que una de las lecciones de la que he sacado aprendizajes más claros es la que está relacionada con el arte de pedir. Sí, he descubierto que es todo un arte, que conocemos mal y que en ocasiones aprovechamos incluso peor.

Mi objetivo de hoy no consiste en presentar ninguna ponencia magistral ni en sentar cátedra, simplemente en compartir con vosotros otra de las “banalidades” del día a día que cobran un sentido superior (no en valor, sino en prioridad) en mi camino de dar la mano a los que conocemos más de cerca el cuidado de familiares enfermos.

Como os conté en mi anterior post, me he criado con una cierta admiración a esa Juana de Arco que muchas llevamos dentro, esa que está dispuesta a lanzarse a la batalla en una personal Guerra de los Cien Años, sin pensar en un desenlace que supere sus fuerzas. Seguir leyendo

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Grandes, muy grandes

Todo ha comenzado con una conversación telefónica. Una charla informal entre amigas que llevan tiempo sin ponerse al día. Deshilando el ovillo de nuestras vidas, hablamos de todo y de nada, con la confianza que da el poder ser uno mismo al sincerarse con el otro, sin máscaras ni medias palabras, pero con todo el cariño que se merece una conversación con sentido.

Tras colgar, me he sentido “en casa”, es decir, alegre porque esta amiga sea parte de mi red de apoyo, de la que tanto os hablo. Mi camino es mío y me toca avanzar por él, con lo que esto conlleva tanto de bendición como de sufrimiento. Sin embargo, algunos puntos de anclaje bien calados nos permiten tener la certeza de que podremos seguir adelante. Yo lo siento a menudo como cuando miro por el retrovisor del coche y me doy cuenta de lo que queda atrás, mientras siento que la carretera hacia mi destino está delante.  Seguir leyendo