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Renovarse y vivir

Vuelta de vacaciones… Pasados mis días de descanso, regreso al trabajo con la firme convicción de que el inicio de curso trae aires renovados para nuevos proyectos. Salir de las restricciones horarias y laborales me han permitido conectar con todo aquello que la rutina diaria hace que dé por sentado y no aprecie en su justa medida. El ocio, la buena compañía y la vida sin reloj resultan ser la mejor terapia para recargar las pilas y conseguir que hasta el último electrón del cuerpo se recoloque en su sitio.

Con la energía “refrescada” (es una forma de hablar, que el verano madrileño comenzó con temperaturas demoledoras…), caigo en la cuenta de que las vacaciones estivales marcan el final de un ciclo y el inicio de otro. Vemos cómo los niños se preparan para volver al colegio y ese ritmo escolar marca más intensamente nuestros años que el cambio de año físico. Vivimos una renovación constante pasados el verano y el periodo vacacional.

Al igual que la naturaleza cambia al ritmo de las cuatro estaciones, la naturaleza de los seres humanos evoluciona pasando por diferentes etapas de crecimiento. Una herramienta clara y muy visual para entender esa reiteración de los ciclos en nuestras vidas es el siguiente gráfico:

Ciclo de Renovación – The Hudson Institute

Según esta representación, nuestra evolución pasa por cuatro fases:

  • Fase I: ¡A por ello!

Nos sentimos preparados para afrontar retos con un espíritu emprendedor, optimista y enérgico. Es el momento de trabajar en equipo y comprometerse con el logro de los objetivos marcados.

  • Fase II: “The Doldrums”

Este término inglés designa las zonas de calma ecuatorial, en las que los vientos dejan de soplar de repente, deteniendo la navegación de los barcos de vela. Es un periodo de “calma chicha”, de abatimiento, en el que falta el empuje para seguir avanzando.

  • Fase III: “Cocooning”

Llega el momento de tejer la crisálida para protegerse, recuperarse y retomar fuerzas para explorar nuevas rutas. Buscar tranquilidad, cuidarse, experimentar o reconstruirse son opciones que surgen en esta etapa más introspectiva.

  • Fase IV: Preparación

Vuelve la energía y el empuje para aprender, buscar, dar sentido a experiencias previas. Es tiempo de prepararse para la llegada de la próxima etapa.

Si no hablamos de vientos ni de crisálidas, podemos hacer una analogía con las estaciones:

  • Fase I = verano

  • Fase II = otoño

  • Fase III = invierno

  • Fase IV = primavera

Cuando se instala la rutina, especialmente en los que vivimos en ciudad, no vemos ni las estaciones ni sentimos los vientos. Sin embargo, es inherente a nuestra naturaleza humana que pasemos por etapas diferentes, más profundas que un simple cambio de ropaje para adaptarnos a las temperaturas. Como en una caracola, avanzamos en círculos y, aunque por momentos pueda parecer que damos marcha atrás, en realidad hemos recorrido un buen trecho desde el punto de partida.

Me gusta este “ciclo de renovación”… Me ha ayudado a tomar conciencia de que los momentos desesperantes en los que nada parecía ir ni para adelante ni para atrás o las situaciones en las que cualquier progreso conllevaba un aparente esfuerzo titánico forman parte del camino. Y sobre todo y ante todo, son temporales.

Poner fecha a una situación, sobre todo a las más difíciles, permite que mentalmente estemos listos para dar finalización a un proceso, especialmente a los más dolorosos. No siempre será posible poner una fecha con día y mes, pero podemos darnos un margen temporal o preguntar, incluso negociar, un plazo cuando establecer una fecha no quede en nuestras manos.

Las metas que no llevan una posibilidad concreta de finalización quedan como sueños (y ya dijo Calderón, “que los sueños, sueños son”…), mientras que aquellos objetivos que nos marcamos con la firme voluntad de alcanzar en un periodo concreto nos empujan hacia delante. Es cuestión de actuar con el calendario en la mano para que podamos ser conscientes de nuestros progresos y distribuir eficazmente nuestros esfuerzos. Si después surgen tropiezos para ejecutar nuestro plan de acción o nos damos cuenta de que nuestro objetivo ha variado, podemos “renegociar” nuestras fechas. Nada es inamovible pero sólo llegamos a lo que queremos si ponemos nuestros sueños en movimiento

2 comentarios en “Renovarse y vivir

  1. Mariate dijo:

    Muy acertada como siempre… Desde luego, mi familia y mi cabeza se rigen mucho más por el cambio de curso que por el de año, y estos primeros momentos de entusiasmo a la vuelta hay que aprovecharlos para llenar los meses que vienen de objetivos y de crecimiento. Igual que las colas crecen en las tiendas de bricolaje en estos días, ojalá nos pongamos manos a la obra para redecorar nuestro interior.

  2. Mónica García Marec dijo:

    Gracias, Mariate. Sí, la vuelta de las vacaciones es una excelente ocasión para aprovechar las nuevas energías y proponerse un motivador ejercicio de visualización de los objetivos buscados. Es más fácil ponerse en marcha cuando el camino está marcado…

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