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Hay muchas maneras de decir adiós*

Así se titula en español el último libro que escribió David Servan-Schreiber, a pocos días de fallecer en julio de 2011. A casi cuatro años de la pérdida de este médico excepcional, me gustaría que este post sirviese de humilde y sentido reconocimiento a la labor que desempeñó.

Fue el autor de “Anticáncer”, un libro que causó un gran revuelo por establecer científicamente que el cáncer puede (y debe) beneficiarse en su tratamiento de terapias complementarias. En un momento en el que la ciencia no miraba con buenos ojos estas terapias casi tildadas de “esotéricas”, Servan-Schreiber abordó la necesidad de aunar los tratamientos convencionales (quimioterapia y radioterapia) con terapias suaves para atenuar el dolor y facilitar la recuperación del paciente. Él practicaba yoga y lo que llamaba “Atención Plena” (Mindfulness en inglés) como técnicas meditativas.

Asimismo señaló abiertamente uno de los mayores causantes de la proliferación del cáncer desde la Segunda Guerra Mundial: la alimentación. Al entrar en periodo de bonanza tras duros años de restricciones, la sociedad europea tuvo mayor acceso al azúcar, que favorece la inflamación de las células, convirtiéndose así en caldo de cultivo para la proliferación de las células cancerígenas.

Cuestionó también el uso de margarinas y grasas saturadas por parte de la industria alimentaria, así como la alimentación de los animales, ya que lo que ellos comen repercute directamente en la calidad nutricional de lo que servimos en nuestros platos. A esta reflexión suma su análisis de las pruebas científicas que muestran el impacto de determinados fertilizantes, plaguicidas y productos químicos industriales en el recrudecimiento de la enfermedad.

Por último, defendió la práctica cotidiana del deporte como otro de los factores de “protección” frente a distintas enfermedades.

Con estos estudios, Servan-Schreiber propició y dio voz al cambio de mentalidades que empezaba a despuntar en el abordaje del cáncer. No obstante, si hoy le dedico este post, no es en su calidad de médico, sino de paciente. En efecto, con 30 años, le diagnosticaron un cáncer de cerebro cuya tasa de supervivencia era extremadamente baja… y sin embargo, vivió 20 años más, después de pasar por el quirófano, seguir un protocolo “tradicional” de tratamiento contra su cáncer y aplicar lo que él denominaba su “dieta anticáncer”, combinación de deporte, meditación y alimentación.

Más que una dieta, a mi entender creó una filosofía de vida que le acompañó hasta sus últimos días y cambió el statu quo que parecía infranqueable en la lucha contra el cáncer. Admitió que “el hecho de haber cruzado el espejo”* y de convertirse él mismo en paciente, le ayudó a “volverse más humano, más capaz de conectar con nuestra condición común”*. Os podría citar muchas de las frases que me han emocionado en su libro, en el que desde mi perspectiva, habla de la enfermedad como una llamada al orden del cuerpo para reconectar con nuestro entorno físico, emocional e incluso espiritual. Si tengo que recordar una frase de las muchas que me marcaron en la lectura de su escrito, me quedo con la siguiente: “¡Qué sentimiento de júbilo al darse cuenta de que no es necesario ser un artista para vivir la vida como un proceso creativo!”*

La enfermedad fue para Servan-Schreiber el gatillo que se disparó para que comenzase a crear la vida que buscaba. Sí, creó su vida e hizo suyos los famosos versos escritos en el siglo XIX por Henley en su poema “Invictus”: somos dueños de nuestro destino y capitanes de nuestra alma. Esperanza, gratitud, optimismo, luz, conexión, amor, generosidad… Todos estos términos “no médicos” formaban parte de su discurso de curación.

Por esa forma de cambiar el prisma de una enfermedad tan cruel y por abrir las puertas de par en par a la esperanza, la gratitud, el optimismo, la luz, la conexión, el amor y la generosidad, quiero dar las gracias a un ser excepcional, allá donde esté. Merci, David…

 

* “Hay muchas maneras de decir adiós” – Dr. David Servan-Schreiber – Espasa Libros (2011) – Traducción: Inés Belaustegui

4 comentarios en “Hay muchas maneras de decir adiós*

  1. Gema Martíz dijo:

    Qué precioso homenaje. No puedo estar más de acuerdo con el tema de que nuestra alimentación y hábitos son el factor predominante en nuestra salud. Alimentación errónea y deficiente, esa es la mayor lacra de la mala salud que está teniendo la sociedad industrializada, en unos tiempos en los que, teóricamente, vivimos mejor que nunca. El otro día leía que el número mundial de obesos ha sobrepasado al número mundial de desnutridos. Impactante el dato. La enfermedad nos ayuda a tomar conciencia de dónde estamos y cómo hemos llegado hasta aquí. Por eso, pese a que a veces nos resistamos a ello, es una gran maestra.

  2. Mónica García Marec dijo:

    Muchas gracias, Gema. No podría estar más de acuerdo con tu reflexión. Los datos son espeluznantes… Por otra parte, cada día somos más los que prestamos mayor atención a la alimentación y al cuidado de nuestro entorno, sin olvidar la escucha adecuada de nuestras emociones. Espero que cada vez seamos todos más conscientes de que está en nuestras manos mejorar nuestro mundo. En cuanto a la enfermedad, creo que permite comprender viejos patrones que ya no funcionan y se han convertido en dolorosos lastres, dándonos así la oportunidad de proyectar un futuro más acorde con lo que somos y queremos. Este es el mensaje que guardo del Dr. Servan-Schreiber…
    ¡Un fuerte abrazo!

  3. Mariate dijo:

    Hay personas que día a día nos enseñan a vivir, y llegado el momento nos dan ejemplo de cómo se muere. Tras leer este post, tengo muchas ganas de conocer la obra de este médico-paciente que desde luego, por la foto, parece todo menos derrotado por el cáncer. Habrá que hacerle caso.

  4. Mónica García Marec dijo:

    Gracias por tu comentario, Mariate. Creo que has dado en el clavo porque me parece que Servan-Schreiber fue un ejemplo hasta en su forma de prepararse para morir. Su último escrito te va a gustar, ya verás. Está lleno de enseñanzas de vida. Y quizás una de las partes que más me emocionó en el libro fue el homenaje final que su hermano le dedica. Espero que descubrir su obra te aporte tanto como a mí. Un fuerte abrazo

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