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Disrupciones

La vida es un largo río tranquilo… Me inspiro del inicio anual de entrega de premios cinematográficos, ya sean los pasados “Goyas”, los recientes “BAFTAs” o los próximos “Oscars”, para retomar el título de esta comedia francesa de finales de los años 80, a su vez nominada a un premio César. Sí, como en el cine, la vida parece un largo río tranquilo… hasta que llega la temporada del deshielo, las aguas del cauce se vuelven turbias y todo el paisaje queda anegado por una crecida.

¿Cuántas veces hemos vivido momentos de desbordamiento emocional? ¿Y cuántas hemos sentido remolinos en la profundidad de nuestro “largo río tranquilo”? Cuando me formé como coach, me enseñaron a llamar “quiebres” a esos momentos de ruptura de nuestras certezas, como si se quebrase todo lo tangible que hasta ahora se encontraba en lo más profundo del cauce de la vida. No es un vientecillo que riza la superficie del torrente, sino una corriente en torbellino que toca el lecho del río.

Por mi experiencia, en esos tiempos se pierde pie porque la superficie del suelo escurre como el cieno. En un primer impulso, podemos pensar que no nos hemos enterado de nada y que nuestras “circunstancias” nos han caído del cielo. Sin embargo, ningún deshielo nos llega sin avisar… Como ya conté en otro de mis posts (http://www.marec.es/porque-me-lo-pide-el-cuerpo/#more-702), la intuición es la primera en avisar. Nos va dejando miguitas de pan para que volvamos a encontrar el camino. Con dulzura, sin sobresaltos, nos va alertando de que nos hemos desviado del camino que nos conduce a ser más auténticos y, por ende, más dueños de nuestros pasos.

Lo que pasa es que tras tantos años, por no decir siglos, de inteligencia racional, ¿cómo vamos ahora a hacer caso a esos conocimientos innatos? ¿Cómo anteponer corazón a razón? Para los más desconfiados frente a estas ideas sobre inteligencia emocional, traigo argumentos sólidos: los científicos han demostrado que el corazón cuenta con unas 40.000 neuronas y produce hormonas propias, que desempeñarían funciones similares a las hormonas renales. A esto se añade una red de neurotransmisores, proteínas y células de apoyo, según describe Annie Marquier, matemática de formación e investigadora de profesión, que habla del “cerebro del corazón” y de cómo el corazón envía más información al cerebro que viceversa. Ahí es nada… Se trata de evidencias irrefutables hasta para el más recalcitrante de los escépticos.

Lo que como coach denomino quiebre, en otros ámbitos pasa a llamarse disrupción. Escuché recientemente la ponencia de David Roberts, experto estadounidense en innovación disruptiva y tecnología exponencial. Con estos términos tan técnicos, este ingeniero informático también formado en gestión empresarial, relata los cambios bruscos de los que somos testigos con las nuevas tecnologías. Una mañana nos levantamos con la noticia de que una de las grandes corporaciones internacionales lanza una aplicación o un dispositivo inesperado que destrona a los anteriores y cuya presencia crece exponencialmente.

En un primer instante, cambiar de teléfono móvil, por ejemplo, resulta pesado y confuso y parece que perdemos nuestras referencias básicas. Pasado ese momento de desorientación y aprendizaje, con una sonrisa en los labios, nos preguntamos cómo pudimos vivir hasta entonces sin ese nuevo aliado y nos damos cuenta de que durante el proceso de transición adquirimos destrezas para manejar e incorporar una nueva herramienta más acorde con nuestras necesidades. Retornan la sencillez y ligereza a nuestra rutina habitual.

Roberts contaba que las disrupciones son recurrentes en la historia de la humanidad. Cristóbal Colón fue un “disruptor” cuando se lanzó en busca de una travesía más corta para llegar a la India, de donde provenían las especias, más valiosas que el oro en aquella época por su supuesta capacidad de conservación de los alimentos. A raíz de su descubrimiento, las rutas de comercio mundiales cambiaron, nuevos productos llegaron a Europa y la tecnología de los buques se adaptó a los nuevos retos de navegación. Haría falta esperar algo más de 300 años para que el comercio de especias fuese desbancado por el del hielo, cuando Frederic Tudor, un visionario estadounidense, desarrolló una precaria tecnología que le permitió almacenar y transportar hielo. Como consecuencia, la conservación y el traslado de alimentos ya no volverían nunca a ser iguales.

Que los llamemos quiebres o disrupciones, la vida nos regala momentos de rupturas bruscas de nuestras convicciones más ancladas. Si bien comienza una travesía por terreno enfangado, a medida que sale el sol la tierra se seca y caminamos con pie más firme. Porque el sol siempre luce, lo queramos ver o no, haya nubes o no. Es algo más grande que nosotros. Y sé que me diréis que la tierra seca se resquebraja. Sí, es cierto, no volverá a ser la misma tras la riada. Hará falta un esfuerzo para curarla con mimo y paciencia. Aquí es donde nos llega nuestro regalo: retomar nuestro poder innato, el que nos habla desde el corazón, para decidir qué nuevos brotes queremos plantar en nuestra vida.

Llega la primavera.

8 comentarios en “Disrupciones

  1. M Teresa Martínez dijo:

    El símil del río me parece muy acertado. Es cierto que cuando tenemos las cosas en la vida más o menos organizadas, nos da la impresión de que todo fluye. Pero basta un cambio, un imprevisto, para que la corriente nos ponga patas arriba… Sin embargo, estos cambios nos hacen variar la perspectiva y otear el horizonte con otros ojos, porque el panorama es nuevo y lleno de posibilidades. Como el Nilo fertiliza los campos por inundación, así se nos enriquece la vida con los grandes cambios que nos descolocan. Al acabar la lectura de este artículo me ha invadido una sensación de poder muy grande. Como siempre, ¡gracias!

  2. Mónica García Marec dijo:

    Cómo me gusta la imagen del Nilo, María Teresa, qué acertada. Sí, es justo eso: una sensación de inundación en algunos momentos que terminan siendo los más fértiles en crecimiento. Gracias por tu comentario, en particular por tus palabras finales, que me animan a seguir compartiendo mis reflexiones con vosotros. Que sigas disfrutando de ese poder tuyo tan grande. Un beso

  3. Beti Sapiña dijo:

    Gracias Monica, espero que en este momento «disrupto» de mi vida encuentre mi autenticidad y vuelva a ser la dueña de mis pasos…

  4. Gema Martíz dijo:

    ¡Qué bonito, Mónica! Se me ocurre otra metáfora con el río: por debajo de la superficie en calma aparente, ocurre todo un mundo sub-acuático: animales, plantas, minerales… conviven en un ecosistema en movimiento que nunca es igual. Algo parecido pasa en nuestra vida: por debajo de la rutina, de los quehaceres del día a día y de la calma aparente, hay un montón de vivencias que ocurren cada día: experiencias únicas, encuentros, conversaciones, aprendizajes… La vida está llena y, aunque a veces pueda parecernos que está vacía, esto es solo una percepción. ¡Enhorabuena por este magnífico post, Mónica!

  5. Mónica García Marec dijo:

    Beti, las disrupciones llevan a crecimientos exponenciales… Te propongo que encuentres unas «botas de agua» que te sean cómodas para caminar con mayor confianza. Ya verás como les sacas buen partido para caminar por los charcos y vuelves a sentir tus pasos como tuyos poco a poco. Ánimo, la tierra termina secándose y rebrotando porque, hagamos lo que hagamos, la primavera siempre siempre vuelve. Gracias por compartir tu comentario. Un abrazo

  6. Mónica García Marec dijo:

    Gema, me han encantado tu metáfora y su explicación. Es cierto: cuando miramos la superficie del agua, no percibimos la inmensidad que existe en las profundidades. No vemos toda la riqueza que alberga pero está ahí, sin ninguna duda, ¡con todos sus galeones hundidos que rebosan de valiosos tesoros! Cuánto aprendo contigo, Gema. Gracias y un abrazo

  7. Laura Paloma dijo:

    Querida Mónica, me encantan tus artículos y me vienen muy bien. Espero seguir recibiéndolos. Es muy bueno que alguien te ayude a enfocar la vida de una manera distinta a como uno lo ve. Muchas gracias

  8. Mónica García Marec dijo:

    Gracias a ti por tu apoyo y tus ánimos, Laura. Comparto mis reflexiones y experiencias esperando que sean de alguna utilidad. Cómo me alegro de que a ti te den otra visión sobre algunos temas. Qué regalo es acompañar y sentirse acompañado por un camino de crecimiento. Un fuerte abrazo

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