FLAMENCO

Rabia, motivación y pasión

Una vez me contaron que lo que diferenciaba a la pasión de la rabia era la motivación. Si saco mi vena científica a pasear, sería algo así como:

  • RABIA + MOTIVACIÓN = PASIÓN

Me pareció una ecuación curiosa, la verdad sea dicha, en particular porque creo que eso de la “rabia” no me acababa de quedar claro. Rabia, ira, enfado u enojo… Aunque las utilizamos como sinónimos, aprendí como coach que expresan diferentes matices emocionales.

Todos sabemos cuándo nos sentimos enfadados o enojados: nos hierve la sangre, nos ponemos de mal humor, estamos listos para saltar a la pelea… Si lo pensáis fríamente, como se nos “sugiere” siempre en esas ocasiones en las que se palpa la tensión, el enfado parece estar dirigido a un “agente” externo, ya sea un hecho o una persona. Me enfado porque hace mal tiempo y no me conviene para mis planes de fin de semana o bien porque tal persona me ha hecho una faena. La frustración que sentimos por esta situación no deseada y mucho menos esperada nos lleva a una respuesta emocional de enfado que no hace falta que os describa. Todos sabemos bien cómo nos sentimos en esas circunstancias.

En realidad, el enfado me lo revierto a mí misma porque me siento atolondrada: claro, ya se sabe, “tendría” que contar con un plan B para mi escapada o haber previsto el desplante que ahora me sabe a traición. Soy yo la que se siente alterada, tanto emocional como físicamente. Aunque lance improperios contra el hombre del tiempo o haga aspavientos delante del supuesto “traidor”, soy yo la que siente la explosión interna. Y eso sólo es cosa mía. Sin embargo, la carta que tengo en la manga es mi capacidad para modificar mi conversación interna a fin de que mi monólogo inquisidor (“si ya sabía yo”, “si es que claro, no podía ser de otra forma”, etc., etc.) pase a ser un relato constructivo que me empodere, dé cuenta de la realidad lo más objetivamente posible y me ayude a pasar a otro estado emocional que me siente bien. Paso de ser la víctima que se deja llevar en un barco ajeno a la capitana del navío que decide cómo quiere vivir la travesía.

Me permito aquí hacer un inciso para daros una definición que me ayudó en este proceso de toma de conciencia. Siguiendo las palabras del Dr. Mario Alonso Puig, el perdón es la reconciliación de uno mismo con la realidad. Al no oponerme a la realidad, que es tal y como es, me guste o no, puedo avanzar hacia donde yo decido. Si asumo que la meteorología es variable o que alguien puede posicionarse de manera diferente a mí con respecto de alguna cuestión, soy más capaz de liberarme de esa emoción que me esclaviza y paraliza. En definitiva, me doy los medios para pasar de nuevo a la acción, ya sea buscando otra forma de pasar el fin de semana o, si lo siento necesario, de entablar una conversación serena con el causante de mi desasosiego. Me gusta esta forma de darle la vuelta a la tortilla, como decimos con esta expresión bien castiza: puedo enfadarme y desenfadarme si así lo quiero. Si me reconcilio con la realidad, si perdono, soy yo la que decide.

Aquí es donde vuelvo a hablar de la rabia, con un matiz diferente al del enfado o la ira. Para mí, la rabia tiene una connotación positiva, ya que activa todos mis sentidos para pasar a la acción. Lo positivo no es la acción en sí, sino la capacidad de ponerme en marcha para resolver lo que me frustra, así como el compromiso que adquiero conmigo misma para encontrar alternativas que no había contemplado.

Por último, en este juego de matices lingüísticos, la ira me parece la rabia vuelta contra mí misma, dando lugar al resentimiento. Re-sentimiento, es decir, sentir, sentir y volver a sentir una emoción que me hace sufrir y re-vivir una situación que considero una injusticia irreparable. Me quejo, me siento víctima y pienso que las cosas “deberían” ser distintas… y no lo son. Aceptar que una puerta se cerró o que una etapa de mi vida acabó puede percibirse como una ardua tarea de acomodación a una nueva realidad. Sin embargo, es la única labor que me permite mirar más allá, a medida que me muevo poco a poco con más ilusión, confianza y motivación.

Vuelvo a mi ecuación inicial. Cerrad los ojos por un instante y recordad un momento personal de rabia. La energía que se mueve en esas ocasiones es poderosa y nos sentimos alerta y preparados para la siguiente batalla. Si le añadimos ganas y entusiasmo (o lo que es lo mismo, motivación) arranca un potente motor para aprender, disfrutar o generar nuevas oportunidades en mi vida.

Al unir la rabia a la acción y la motivación, enseguida me viene a la cabeza la furia y el ímpetu del flamenco. Pasión palpable y en estado puro. Lo mío es la danza y el movimiento, ya lo sabéis, pero la pasión puede tomar muchas formas. ¿Cuál es la tuya?

2 comentarios en “Rabia, motivación y pasión

  1. Gema Martíz dijo:

    Mi pasión son las personas y la salud. Y muchas veces me da rabia lo desinformados y malinformados que estamos con respecto a cuestiones tan esenciales y básicas como nuestra salud y alimentación. Y la rabia se eleva al cuadrado cuando veo que la salud disminuye el bienestar total de la vida. Sin embargo, eso mismo me motiva a trabajar incansablemente para dar a conocer pautas y verdades que ayudan a mejorar la vida de las personas. En mi caso, la ecuación funciona a la perfección. A más rabia, más motivación. Gracias por la lección, Mónica.

  2. Mónica García Marec dijo:

    ¡Cómo te entiendo, Gema! Qué vínculo tan importante existe entre salud y alimentación y, sin embargo, cuánto nos queda por aprender… Tu comentario es la ilustración perfecta del concepto que quería compartir con vosotros. Muchas gracias por tu aportación, siempre tan valiosa y sincera. Un fuerte abrazo

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