Sister Act

Con el hábito nuevo

El hábito no hace al monje, eso dice el refrán. Sin embargo, hoy me he propuesto desmontar a mi manera este proverbio… Os lo suelto a bocajarro mientras esbozo una sonrisa, pensando en lo poco favorecida que me vería vestida con los colores sobrios y contundentes de un hábito holgado.

Sobrio, contundente y holgado… Hablamos de una prenda predecible de la que todos conocemos la apariencia. Siendo más poéticos y figurativos, creo que todos conocemos (o creemos conocer, matizo) el atuendo que mejor nos sienta, aquel que realza la mejor imagen que queremos transmitir de nosotros mismos. Hasta el día en el que siento que esa prenda que me iba como un guante me incomoda, me pica, me viene corta, ha dado de sí o bien no tiene un color que resalte mi carnación. Mi fondo de armario me parece entonces poco acorde con mi momento y, aun sin admitirlo plenamente, percibo que es hora de confeccionar nuevos patrones de costura.

Antes de seguir dando puntadas al tema, voy a contaros qué nos lleva a menudo a cambiar un hábito.

En nuestra vida diaria hemos integrado una serie de pautas de actuación que nos permiten desarrollar tareas cotidianas como teclear en el ordenador, caminar o conducir, o poner la lavadora. Tenemos almacenada información en la cabeza que nos permite actuar sin tardar, de manera casi automática. Claro que tenemos que saber lo que vamos a teclear, ser conscientes del tráfico y elegir el programa de lavado más adecuado pero ya no necesitamos recurrir a ningún manual ni profesor de autoescuela. Las directrices de actuación han sido integradas a medida que hemos repetido las tareas.

Lo mismo ocurre para cualquier forma de proceder que sea “muy mía”. Cuando aprendo algo nuevo, al principio necesito entender y repetir la secuencia de pasos antes de incorporarlo a mi rutina cotidiana. Después, se convierte en un hábito cómodo e inconsciente.

Sin embargo, hay veces en el que la coreografía ya no me vale. Algo “de siempre” no me cuadra y no me siento a gusto con mi rutina. Empieza un momento de incomodidad, en el que todavía no sé lo que me pasa pero intuyo que “algo no va”. Por un proceso personal de reflexión, por medio de conversaciones o lecturas, se puede llegar a ver lo que está incomodándonos. Si estuviese trabajando con uno de mis coachees, mi trabajo consistiría en hacer de espejo de esa persona para que pudiese ver más claramente qué creencias o juicios le están impidiendo seguir avanzando de forma fluida.

Cuando consigo llegar a mirar de frente a ese molesto compañero de viaje que tira de mí hacia atrás, es tiempo de que nuestros caminos se bifurquen. Empieza entonces un recorrido que por momentos sabe a travesía del desierto. Me siento solo y desvalido… y, en contrapartida, con las ideas más claras que nunca. Se me abre otra senda y me toca equiparme con calzado resistente y ropa más ligera. Ahí es cuando empieza a consolidarse un nuevo hábito, con tesón, perseverancia e ilusión. Sí, sobre todo ilusión, porque por mucho esfuerzo que haga, sin la motivación y ganas de cambiar, no tengo la pasión y el empuje necesarios para que los vientos que soplen me sepan a caricia y no a tempestad.

Y ya está… Es tiempo de consolidar, de repetir hasta que sepa dibujar el patrón sin mirar ningún modelo, de volver a “hacer mía” una pauta en armonía con mi impulso de cambio. Para mí, esta etapa es la más fastidiada en lo que a esfuerzo se refiere. Toca ser fuerte y tenaz y bien es sabido que uno no amanece todas las mañanas con ganas de ser el superhéroe del día. Lo que me ayuda es empeñarme en mirar siempre mi objetivo, es decir, el beneficio que me va a reportar. Así evito descarrilar aunque de vez en cuando me pare a descansar en algún apeadero.

Por último, el proceso se hace más llevadero si cuento con una red de apoyo que me recuerde para qué estoy haciendo lo que estoy haciendo. Esos familiares o amigos no van a caminar por mí pero cumplen una función de baliza muy útil para capear temporales.

Como esa “Monja de cuidado” que fue Whoopi Goldberg, vestir un nuevo hábito conlleva sus aventuras inesperadas e insospechadas… ¿Recordáis el final? ¡Pues adelante!

4 comentarios en “Con el hábito nuevo

  1. Beti Sapiña dijo:

    Muy bueno Monica, me encanta como usas las metáforas y como has conseguido q mientras leía reviviera situaciones similares en los que de tirar un hábito y coser otro.
    Y si, los amigos y familiares son importantes pero el proceso hemos de hacerlo desde nuestro interior. Hasta la próxima!

  2. Mariate dijo:

    Verdaderamente, una costumbre muy sana que deberían recomendar las Autoridades Sanitarias es retirarse a convivir durante 10-12 días al año a un lugar desconocido, con un grupo de desconocidos. Para tener que hacernos cada vez el hábito con nuevos espejos que no guarden marcas de nuestra imagen grabadas.

  3. Mónica García Marec dijo:

    Gracias, Beti. Y te doy toda la razón: el camino es único para cada uno de nosotros y tenemos que vivirlo individualmente. Contar con el apoyo de los que nos quieren y en los que confiamos puede suponer un gran aliento. ¡Un abrazo!

  4. Mónica García Marec dijo:

    Qué propuesta tan original y sana, Mariate. ¡Habrá que pensar en lanzar la iniciativa en Change.org! 😉 Yo también creo que las palabras dichas con cariño y empatía que sacan a la luz nuestros «puntos ciegos» nos ayudan a vernos más nítidamente y posicionarnos en consecuencia. ¡Gracias, Mariate! Un abrazo

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