Dar y recibir

Aprender a recibir

El camino hacia la aceptación de la enfermedad de mi padre ha venido acompañado para mí de muchas sorpresas, algunas mejores que otras, pero siempre con ese aspecto inesperado que trae la adaptación a una situación no buscada, por no decir, indeseada.

En la categoría de sorpresas, he conocido el apartado de “sorpresas técnicas”. Y es que descubrí que el mundo de la medicina tiene ese punto de ciencia ficción gracias al cual, unas máquinas punteras exploran el cuerpo por dentro sin producirle ni una sola incisión. Benditas máquinas…

En el caso del Alzheimer, la sorpresa añadida que estoy descubriendo es que una misma prueba médica, que pensaba que debería tener una única interpretación al apoyarse en datos objetivos, termina teniendo versiones finales distintas al consultar a dos profesionales diferentes. Sin ser médico, sólo puedo imaginarme que el cerebro humano sigue siendo una fuente inagotable de secretos sin desvelar. Por mucho progreso científico del que podamos ser testigos, supongo que distamos mucho de comprender cómo funciona la mente. Por eso, el factor humano de interpretación, que además de los datos científicos, aúna datos del entorno del paciente, mantiene un peso importante.

En este punto, el del factor humano, aparece mi mayor sorpresa. En el caso de las demencias, el desenlace de la enfermedad es inexorable. Me cuesta escribíroslo, es cierto, porque me entristece profundamente pero, como ya sabéis, he decidido darle “la vuelta a la tortilla” y vivir este acompañamiento a mi padre desde el corazón, lo que me implica estar mucho más anclada en el momento presente. Ese presente que significa “regalo”. Ese regalo que acepto tanto de mi padre como de los que me rodean.

Llegados a este punto, me parece que viene al caso hablar de generosidad. Retomo este tema sobre el que ya escribí hace ya unos meses porque tengo la impresión de que hoy le puedo dar nuevos matices en mi vida. Estoy aprendiendo la generosidad más equilibrada, la que implica otorgarle el mismo peso tanto al dar como al recibir. Seguro que os parece una perogrullada que los familiares estamos en posición de “dar” cuando uno de los nuestros tiene limitaciones debidas a su enfermedad. Claro, ofrecemos nuestro apoyo tanto físico como emocional. Es así y no se me ocurriría que fuese de otra manera.

¿Y qué pasa con el recibir? Porque la palabra “recibir” está tomando otra acepción en mi vocabulario. ¿Qué puedo recibir yo con todo esto? Muy sencillo: amor. Tan sencillo que parece una tontería, ¿verdad? Amor incondicional de los que me quieren tal cual soy. Ahí es nada… Elegid la versión que más os guste: amor, cariño, afecto, apoyo, mimos, cuidado. Todo eso sentí porque así lo decidí. Sí, decidí y sigo decidiendo recibir.

Al igual que Don Quijote que veía gigantes en vez de molinos de viento (y aquí le guiño un ojo a los orígenes manchegos de mi padre), aceptar mi propia vulnerabilidad me parecía un tema inabordable. Durante mi formación como coach, conseguí entender que ser vulnerable no significa ser débil ni frágil y que no es una condición que deba evitarse a cualquier precio. Por el contrario, descubrí que ser vulnerable me acerca mucho más a los demás y a mí misma. Soy grande tal cual soy, con mis sombras y mis carencias, con mis luces y mis dones.

Esto que os escribo no lo había vivido con tanta lucidez antes de empezar este camino de acompañamiento en la enfermedad de mi padre. Ahora creo sin embargo que el reconocimiento de mis límites me permite recibir, y recibir significa aceptar que otros están dispuestos a alentarme y apoyarme en mi peculiar carrera de fondo. Después de haber recorrido ya algunos kilómetros y sabiendo que me quedan otros tantos y que no serán precisamente los más gratos, es un alivio sentirme arropada.

La figura de Juana de Arco ha sido una constante en mi vida. Debe de ser cosa de mis genes franceses. Fue una mujer valiente y lista para la batalla… pero acabó quemada. Tal cual. Y ese “burn-out” del que tanto se habla ahora, ese intenso agotamiento físico, mental y emocional que se llega a instalar en la vida de los familiares y cuidadores de enfermos, es una realidad posible en mi camino. De hecho, he observado pequeños atisbos de esos lastres mentales y experimentado la nueva dimensión del término “responsabilidad” al vivir de cerca el deterioro cognitivo de mi padre.

Por eso mismo, porque el presente es el que cuenta, porque soy vulnerable y porque he decidido darle su dimensión completa a la generosidad, he recorrido otro pequeño paso para aprender a recibir el apoyo que ahora necesito. Un progreso personal ante el cual mi Juana de Arco particular, que no es de las que renuncia a la primera de cambio ni desvía la mirada, sonríe con orgullo.

4 comentarios en “Aprender a recibir

  1. Beti Sapiña dijo:

    Gracias por este magnifico artículo, Mónica, totalmente de acuerdo y… añadiría la importancia de que los acompañantes se cuiden y estén bien consigo mismos. Como tú bien dices, le has sabido dar la vuelta a la tortilla y estás encontrando un sentido a esta situación. Seguro que esta aceptación te ayudará a llevar mejor esta experiencia. Cuídate mucho física, mental y espiritualmente. Un abrazo

  2. Mónica García Marec dijo:

    Gracias por tus consejos, Beti. Creo que tienes mucha razón en recalcar que es fundamental que los acompañantes se cuiden para poder cuidar mejor. Voy aprendiendo… Un fuerte abrazo

  3. Leonardo dijo:

    Mónica,
    Al ver tu nueva entrada he dejado todo lo demás y me he puesto a leerla con avidez.
    La medicina es una ciencia INEXACTA, tan inexacta que a principios del siglo XX fallecía un porcentaje elevado de personas con un mal diagnóstico y por lo tanto con un mal tratamiento, y al parecer a día de hoy ese porcentaje se mantiene inalterable, fundamentalmente por los nuevos descubrimientos de la medicina y de la aparición de nuevos fármacos y tratamientos.
    Respecto a APRENDER A RECIBIR, lo más importante para el que atiende al paciente, lo primero es saber que hay más personas del entorno familiar y amistades que pueden dar ayuda, y que no hay nada imprescindible y que muchas veces hay que solicitar la ayuda antes de esperar a recibirla sin pedirla.
    Un fuerte abrazo para tu padre

  4. Mónica García Marec dijo:

    Gracias por ser un lector tan fiel, Leonardo. Coincido contigo en que la medicina ha progresado mucho pero todavía mantiene el reto de la interpretación de resultados y el consiguiente tratamiento terapéutico. Estoy también de acuerdo en que es fundamental saber pedir para que los demás nos puedan ayudar. Ya lo comenté en alguno de mis primeros artículos y, como es un tema que da para mucho, seguro que volverá a salir en alguno de mis futuros posts 😉 Le transmitiré tu abrazo a mi padre y te mando a mi vez otro abrazo

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