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Aprender a pedir

Desde mi posición “privilegiada” de acompañante de familiares de enfermos, creo que una de las lecciones de la que he sacado aprendizajes más claros es la que está relacionada con el arte de pedir. Sí, he descubierto que es todo un arte, que conocemos mal y que en ocasiones aprovechamos incluso peor.

Mi objetivo de hoy no consiste en presentar ninguna ponencia magistral ni en sentar cátedra, simplemente en compartir con vosotros otra de las “banalidades” del día a día que cobran un sentido superior (no en valor, sino en prioridad) en mi camino de dar la mano a los que conocemos más de cerca el cuidado de familiares enfermos.

Como os conté en mi anterior post, me he criado con una cierta admiración a esa Juana de Arco que muchas llevamos dentro, esa que está dispuesta a lanzarse a la batalla en una personal Guerra de los Cien Años, sin pensar en un desenlace que supere sus fuerzas.He tenido la suerte, o quizás la madurez fruto del proceso vivido, de darme cuenta a tiempo de que quería organizar un ejército propio en el que delegar tareas. Bueno, al menos, esa fue mi intención cuando empecé a entrever el intenso peso del acompañamiento en soledad de un enfermo.

El descubrimiento real consistió en abrir los ojos desde una nueva perspectiva: mi ejército estaba aguardándome, esperando a saber qué necesitaba yo de todos ellos. Tal cual, sin más. Era yo la que tenía que dar forma a la ayuda que quería recibir y para eso, tenía que pedir a cada uno lo que a mí me serviría. Y ahí está el “truco”: ¿qué necesito? ¿y cómo lo necesito? Si yo no sé claramente en qué forma los demás me pueden dar apoyo, es prácticamente imposible que los demás se hagan una idea precisa de lo que a mí me sirve

Así que, poniéndome pragmática, se trata de definir en qué medida o de qué forma los que me rodean pueden formar parte de mi camino como acompañantes y cuidadores de la acompañante y cuidadora que soy yo. ¿Quién puede hacer qué? ¿Quién puede quedarse unas horas con mi padre si yo no estoy disponible? ¿Quién puede informarme sobre trámites médicos o legales vinculados a la enfermedad? ¿Quién puede darse un paseo conmigo cuando necesite “airearme”?

Claro está que no voy a establecer una lista de candidatos a tareas ni voy a decidir quién vale para qué. Esa no es la cuestión ni mucho menos. Sé además que aparecerán candidatos espontáneos e insospechados que van a iluminar mi camino cuando menos me lo espere. Se trata de ser consciente de la presencia y el apoyo de ciertas personas en algunos ámbitos de mi vida. Y si me siento más arropada, me centro con más serenidad en el camino de conexión y comunicación que he decidido vivir conscientemente con mi padre.

Lo que más me ha aportado en mi comunicación con los demás estos últimos meses ha sido el mostrarme lo más auténtica que he podido o he sabido. Es un proceso en curso y siento que mi discurso personal sobre todo lo que estoy viviendo va evolucionando a medida que descubro y proceso más vivencias en mi recorrido. En todo momento, he buscado expresar lo más sinceramente posible lo que me servía y lo que no me servía, lo que me estaba ayudando a crecer en este proceso y lo que, por el contrario, me hundía o me quitaba energía. Y no me resulta siempre fácil, no es un proceso natural y espontáneo decirle a nadie que sus palabras no me hacen bien porque me llevarían a percibir la enfermedad como un pozo negro y oscuro, como un lugar que no aporta nada más que sufrimiento.

Sé que ese es el estigma de las demencias, sé que todos y cada uno de nosotros, empezando por mí misma, preferiríamos que nadie, absolutamente nadie, pasase por eso. Ahora bien, en mi proceso de crecimiento junto con ese gran maestro que es mi padre, me niego a perderme su día a día y quiero seguir valorando con mirada de reconocimiento el profundo cambio que siento en mí.

Entonces, pido lo mejor que puedo lo que voy descubriendo que me ayuda y pido también que se aleje aquello que no favorece mi forma de entender la enfermedad. En la mayoría de los casos, la persona que tengo enfrente se vuelve consciente al escuchar mi petición de que me está hablando desde su propio miedo y su propia tristeza, y de que puede cambiar su discurso para alentarme mejor. En otras ocasiones, por suerte las que menos, soy yo la que tomo una distancia sana de los que persisten en sus palabras poco inspiradoras. No son los que me acompañarán en este proceso y no pasa nada, ya que simplemente nuestros caminos de vida se bifurcan en estos momentos.

Muchos de los que me leéis sois esos “acompañantes de acompañantes” que mencioné más arriba. Estáis presentes, muchas veces sin saber muy bien cómo apoyar en su justa medida. Os diré que toda frase o gesto que os salga del corazón siempre es bien recibido; que a veces ni nosotros mismos sabemos por dónde vamos, y que os tendréis que armar de paciencia; que podéis preguntar directamente si el apoyo que podéis ofrecer es el correcto porque es mejor preguntar y ajustar vuestro papel que tener la impresión de que no estáis en “esto” como mejor lo sentís; y que vuestra escucha completa, desde la empatía, el corazón e incluso el silencio, siempre es un regalo.

Os espero por el camino.

4 comentarios en “Aprender a pedir

  1. Gema Martíz dijo:

    Hola Mónica. Mucho ánimo en esta etapa tan retadora y, al mismo tiempo, tan enriquecedora. Me alegra infinito ver lo implicada que estás.
    Solo un matiz: y si no hubiera guerra de los cien años… y si no se necesitaran enfermos… y si no hubiera nada por lo que luchar.
    Y si solo hubiera que aceptar, y entonces desaparece la lucha. Y si el universo nos manda una hueste de ángeles para ayudarnos en el camino.
    Es un pequeño matiz…

  2. Mónica García Marec dijo:

    Es un bonito matiz, Gema. Sí, la aceptación llegó primero como un reto que se transforma día a día en un potente aliado para acompañar desde el corazón. Gracias por tus palabras y un abrazo

  3. Beti Sapiña dijo:

    Qué buen articulo Mónica, y como siempre, cuánta razón tienes. Saber pedir y aceptar lo que nos pueden dar, no siempre es lo que queremos ni lo que los demás les gustaría dar pero todo vale. Y por supuesto, que nos escuchen pero no solo en este momento que estás viviendo sino en todos y cada uno de nuestros momentos. Un abrazo y ánimo, valiente

  4. Mónica García Marec dijo:

    Qué cierto, Beti… Qué importante es la escucha auténtica en nuestra vida. Gracias por tu cariño y tus ánimos. Un fuerte abrazo

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