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Aprender a aprender

¿Eres visual, auditivo o kinestésico? O dicho de otra manera, ¿sabes cómo aprovechar al máximo tu talento natural para aprender? No pretendo redactar un ensayo sobre el aprendizaje, sino compartir con vosotros ciertas pautas que me ayudaron a asimilar nuevos procesos cognitivos.

Empezaré por una anécdota que me dio pistas importantes sobre mi forma de aprender. Estando una tarde lluviosa de invierno en casa de una amiga, comenzó a contarnos cómo disfrutaba de hacer punto y lo fácil que era el arte de tricotar. Para demostrárnoslo, nos equipó de agujas y lana, y allí que nos lanzamos todas a intentarlo… salvo que yo no daba ni una, por mucho que mirase a mi amiga y escuchase sus explicaciones. Al ver mi cara de pez, se acercó y me dijo: “¡cómo se nota que eres kinestésica!”, tras lo cual mi rostro debió tornarse en poema.

Pues no, no era un insulto ni un reproche, sino una aclaración que me permitió entender que aprendo “haciendo”, al menos en determinadas actividades como las manualidades. Dicho de otro modo: en ese terreno, mi forma principal de asimilar la información consiste en experimentarla. Este tipo de aprendizaje está a menudo asociado a tareas donde el movimiento queda “in-corporado” al repetir una secuencia, como en el deporte o cuando se aprende a escribir a máquina sin mirar el teclado: la información se integra a través de los movimientos y sensaciones del cuerpo.

Según el esquema que os cuento, el aprendizaje puede ser visual, auditivo o kinestésico. Lo habitual es que saquemos partido a más de una opción. Volviendo a mi experiencia, mi aprendizaje también ha tenido un fuerte componente auditivo, en particular para los idiomas y la música. Me resulta fácil reproducir el sonido de una palabra extranjera,  aunque no tenga ni idea de lo que significa. Asimismo, me ayuda mucho organizar mis propios esquemas mentales sobre la información recibida y compartir en voz alta lo que he entendido.

Por último, el aprendizaje visual es aquel que permite recordar la página del libro de principio a fin. Sería como sacar una cámara polaroid del armario, tomar una foto de todo lo que dejaste sobre la mesa del salón (sí, sí, incluidos tus papeles esparcidos…), esperar a que se vaya revelando y mirarla para recordar lo que allí había. Me puedo guardar la instantánea en el bolsillo y rescatar de nuevo los detalles al recordar esa “naturaleza muerta”. Idénticamente, si saco una fotografía mental de la información que quiero asimilar, puedo establecer esquemas mentales que me permitan “tirar del ovillo” cuando necesite recurrir a ella.

En resumidas cuentas:

  • El aprendizaje kinestésico implica que sintamos y experimentemos la actividad, que activemos la memoria muscular para guardar la información a través del cuerpo. Por lo tanto, es más lento que los otros dos estilos, con la consiguiente ventaja de lograr un aprendizaje más profundo.
  • Mediante el aprendizaje visual, retenemos un mayor volumen de datos de una forma más analítica, en la que ayuda incluir gráficos y tablas, por ejemplo.
  • Por último, el aprendizaje auditivo, algo más lento que el anterior, nos permite conservar mentalmente una grabación de lo escuchado. Se consolida con los debates y las explicaciones orales.

Y vosotros, ¿habéis descubierto ya cuál es vuestro estilo de aprendizaje? ¿Me contáis vuestra experiencia?

2 comentarios en “Aprender a aprender

  1. Gema Martíz dijo:

    Es chulísimo observarse y sorprenderse con uno mismo. A mí me encanta achuchar y tocar (por eso quizás me gusta cocinar). Sin embargo, comparto contigo el tema de la música y los idiomas, y me causa bastante impresión lo que dicen otras personas. Aunque la belleza es algo que realmente me afecta en mi bienestar, y esto me entra por los ojos. Una duda: las personas para quienes los olores son muy importantes, ¿en qué categoría estarían? Gracias, Mónica, me ha encantado tu post.

  2. Mónica García Marec dijo:

    Gracias a ti, Gema, que siempre contribuyes con comentarios interesantes y enriquecedores. En mi caso, te diría que la belleza me llega por las emociones, por cómo me hace sentir una pintura al verla, por ejemplo. Aunque es el ojo el que me guía, creo que es un proceso kinestésico de conexión con lo que me aporta la obra. ¡Y qué buena pregunta la de los olores! De nuevo para mí el olor está vinculado a una emoción, justo como describe Proust quien, durante una merienda, come una magdalena cuyo olor y sabor le devuelven a los recuerdos y emociones de su infancia. Me imagino que es un tema digno de estudio, como el de esas personas que escuchan los colores, como dicen que le ocurría a Kandinsky. ¡Gracias por animarme a seguir investigando sobre el tema!

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